Septiembre siempre ha sido por estas latitudes la frontera entre ambas estaciones: invierno y primavera, una mezcla entre el frío y el calor, de grandes vendavales de nuestras fiestas patrias, remolinos y helados, bufandas y lentes de sol, el mejor contraste y complemento, un justo medio de sensaciones y moda.
el comercio ambulante realmente se comienza a pronunciar en esta época, la gente ya cambia la cara, el frío comienza a ser desplazado por el calor, las nubes por el sol y la seriedad invernal por la alegría primaveral. Elegí este tópico ya que es el mes donde mas ambigüedad se puede ver, las ansias de la gente de dejar la chaqueta en el ropero y buscar sus pantalones cortos y poleras. Todo se polariza, el comercio, los estados de animo y las vestimentas. Todo esto se pueden apreciar en nuestra capital, pero que mejor lugar que buscar todo esto en el Paseo Ahumada, Plaza de Armas y Estado justo en horario de trabajo.
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| Un alegre gesto hacia mi cámara, este hombre en una suerte de coqueteo me regala una hermosa y elocuente sonrisa, ya es primavera. |
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| Primavera, verano, otoño, invierno, flores y septiembre, nada explica mejor todo que la leyenda de ese pintoresco bolso y la señora que con recelo lo custodia ayudada de una frágil cuerda de fibras, la ambigüedad y el contraste vuelve a aparecer. |
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| Algo mas rebuscados pero aun típicos, los remolinos muestran la real energía de septiembre girando al compás de sus vientos y a la ves cautivando con sus vivos colores. |
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| Acá este personaje se prueba unos modernos lentes de sol frente a un espejo, ya es hora de protegerse del sol que por esta época comienza a robarle protagonismo a nubes y lluvia. |
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| Ver trabajar a este rosero se asemeja mas a un cuidadoso relojero que alguien gritando desde una caja repleta de rosas en la calle, las parejas paseando obsequian a sus mujeres, símbolo de amor y alegría, sus delicados pétalos ya afloran con las delgadas capas de sol de septiembre listas a la espera de los amantes. |
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| Fuera de la iglesia de San Agustín esta señora enrolla las flores que los fieles obsequian como ofrenda generosamente en la iglesia, los vivos colores del racimo nos recuerdan la estación del año. |
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| Típica señal estival, el helado suave y refrescante, tal ves la mujer simplemente tenia la costumbre de ir a la Plaza de Armas a comer un helado, sin embargo el calor ya se siente. |
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| El maní, fruto seco mas cálido, bien propio de temporadas mas friolentas pero también muy bien ponderado en septiembre donde ambos contrastes se mezclan haciendo cada día mas impredecible que el anterior, pudiendo un día tomar un refrescante jugo o un cálido maní dependiendo de como el día te salude. |
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| Un clásico personaje de la plaza de armas, creí necesario incluirlo mas que por su simbólico contenido como personaje de la plaza, sino para un modelo ya de holgura y ligereza para vestirse que se suele ver por estas épocas, sin dejar de lado su contenido pintoresco intrínseco, sentado solo sobre un cartón y vistiendo una delicada y abombada camisa blanca, en lo personal verlo me daba bastante frescura y fluidez. |
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| El infaltable curaito, tomando un refrescante y largo trago (soy testigo) de joven vino en caja, por sed o necesidad... nunca lo sabremos, pero el calor aquel día pegaba fuerte, refrescarse no tiene nada de malo en un día así. |
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